Mujeres en el poder: ¿por qué seguimos siendo menos… y qué papel juega la imagen?
- Elena Touché

- 9 mar
- 3 Min. de lectura

En los últimos años hemos escuchado constantemente que el liderazgo femenino está avanzando.
Pero cuando miramos los datos con atención, la realidad es más compleja.
En México, las mujeres representan casi el 39% de los puestos de alta dirección, un crecimiento que incluso coloca al país por encima del promedio global.
Sin embargo, cuando observamos los niveles más altos de poder corporativo, la situación cambia radicalmente.
Solo alrededor del 10% de las empresas tienen a una mujer en la dirección general o en el puesto ejecutivo más alto.
Y si miramos los consejos de administración —donde se toman las decisiones estratégicas de las compañías— la presencia femenina ronda apenas el 14%.
Es decir:
las mujeres sí están entrando a las organizaciones,
sí están llegando a posiciones directivas…
pero todavía son pocas las que llegan a los espacios donde realmente se concentra el poder.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿qué está pasando en ese último tramo del liderazgo? qué papel juega la imagen?

El problema no siempre es la capacidad
Las mujeres hoy tienen niveles de preparación iguales o superiores a los hombres en muchas industrias.
Sin embargo, estudios sobre liderazgo femenino en México siguen señalando barreras persistentes:
sesgos y estereotipos de liderazgo
menor acceso a proyectos estratégicos
expectativas sociales diferentes
y algo menos visible: cómo se percibe su presencia dentro de espacios de poder.
Porque en los entornos corporativos no solo importa lo que sabes.
También importa cómo se percibe tu autoridad, tu seguridad y tu capacidad de liderazgo.
Y ahí entra una conversación incómoda.
¿La imagen importa… o es superficial?
Cuando se habla de liderazgo femenino, muchas veces surge una crítica inmediata:
“¿Por qué las mujeres tenemos que pensar en nuestra imagen y los hombres no?”
Es una pregunta legítima.
Pero también es una pregunta incompleta.
Porque la imagen en contextos profesionales no es solo estética.
Es una forma de comunicación.
Antes de que una persona hable en una reunión, presente una idea o lidere un proyecto, el cerebro humano ya ha formado impresiones sobre:
su competencia
su credibilidad
su autoridad.
Y lo hace en fracciones de segundo.
Esto significa que la presencia —la manera en que una persona se sostiene, se presenta y se proyecta— también forma parte del liderazgo.
No porque deba ser así.
Sino porque así funciona la percepción humana.
La imagen no crea liderazgo… pero lo refleja
Aquí es donde muchas conversaciones sobre imagen se equivocan.
No se trata de “verse poderosa”.
Se trata de algo mucho más profundo.
La imagen es el reflejo visible de lo que llevamos por dentro.
Seguridad o duda.
Claridad o confusión.
Coherencia o contradicción.
Cuando una mujer está clara de quién es, de lo que quiere y del espacio que ocupa, su presencia lo refleja.
Y eso se percibe.
Pero cuando esa claridad no está del todo sostenida, incluso la ropa más impecable puede sentirse como un disfraz.
Por eso la imagen no debería verse como una frivolidad.
Puede ser también una herramienta estratégica para cerrar una brecha que todavía existe.
No porque las mujeres tengan que “adaptarse” a un sistema injusto.
Sino porque mientras ese sistema cambia, necesitamos más herramientas para ocupar los espacios donde se toman las decisiones.
La verdadera conversación

El liderazgo femenino no se trata solo de aumentar números en los reportes corporativos.
Se trata de algo más profundo:
de cómo las mujeres se sostienen en espacios donde históricamente no estaban pensados para ellas.
Y en ese proceso, la presencia —la forma en que se proyecta seguridad, claridad y autoridad— puede convertirse en una herramienta poderosa.
No para aparentar.
Sino para reflejar lo que ya existe dentro.
Porque cuando una mujer está clara de quién es…
se nota.
— Elena Tonché



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